lunes 6 de febrero de 2012

CACHIL, UN RINCON AMAZONICO EN SIERRA DE LA LIBERTAD

Puede que el titulo parezca irreal, ¿Cómo es eso de: “un rincón amazónico en la sierra”? La respuesta la tiene nuestra mágica geografía peruana. Es cierto, en las alturas de La Libertad, entre los 2 200 y 2 400 m.s.n.m., provincia de Gran Chimú y escondido entre las montañas se halla el bosque de neblina de Cachil, lleno de especies endémicas, algunas propias de la selva alta, que se encuentra a miles de kilómetros del lugar.

¿Cómo se formaron estos bosques, llamados lluviosos o de neblina, y que hoy son una rareza en el país? Se nos explica que antes de que apareciese la cordillera de los Andes, el territorio peruano presentaba una frondosa vegetación. La aparición de esta cordillera determinó las tres regiones naturales: costa, sierra y selva. Pero, al crecer los Andes y formar la serranía, una franja de aquella porción selvática se quedó en la vertiente occidental, frente a la costa ocupando, en la antigüedad, las cuencas altas de los ríos Chira (Piura) hasta el Pativilca en el norte de Lima.

Estos bosques albergaban una fauna muy característica de la selva alta amazónica, como el oso de anteojos, el armadillo de nueve bandas, el jaguar, cuyo último espécimen fue cazado en 1911 en la cuenca alta del rio Pativilca, dos especies de monos que aún se existen en Tumbes y guacamayos que hoy solo habitan en los bosques de Taulis y Udima (Lambayeque). No podemos dejar de mencionar a los sajinos y tapires que se desplazaron a los bosques secos y páramos del norte del país.

El cambio de uso de estos bosques para fines agrícolas es un proceso milenario y se inició durante la época prehispánica, pero ha sido acelerado en los últimos siglos llegando a su casi desaparición. Hoy sólo podemos encontrar escasos relictos de estos bosques como el de Cuyas (Piura), Cutervo (Cajamarca) Udima (Lambayeque) y Cachil (La Libertad).

En días pasados tuve la oportunidad de ingresar nuevamente al de Cachil, para demostrar a mis alumnos que en la sierra liberteña hay un bosque con las características de la selva alta amazónica. Sabíamos que nos enfrentaríamos a un clima propio de los bosques lluviosos, pero ello no amilanó su juvenil entusiasmo. Llegamos la mañana del domingo con un sol esplendoroso, propio de la serranía. Después de recorrer una trocha de tres kilómetros desde la carretera a Contumazá, frente a nosotros un frondoso bosque nos esperaba con su sorprendente flora. Luego de instalar el campamento y de alimentarnos estábamos listos para la aventura.

Acompañados de un guía conocedor de la zona, ingresamos por un sendero. El primer “saludo” lo recibimos del olivo silvestre (poducarpous oleifolius) árbol emblemático que abunda en el bosque, una especie endémica y por lo tanto única en esta parte del país. Para la caminata, todos íbamos provistos de ramas de “zuros”, una especie de bambú muy delgado que abunda en la zona. Más adelante, en la espesura, pudimos apreciar gozar de la belleza de las orquídeas, las bromelias floridas, los helechos adheridos a los troncos de los cedros y robles silvestres; algunos muchachos no resistieron las ganas de treparse por las lianas que cuelgan de los árboles que tienen una altura de más de 20 metros, como en selva alta amazónica. La parte de los pantanos también fue un lugar interesante durante la visita.

Avanzando en la espesura llegamos a las vertientes de agua. El bosque, por las noches, recoge la neblina que se queda en las copas de los árboles y las convierte en el agua que discurrirá a través de ríos para irrigar los campos de la provincia. Este fenómeno atmosférico lo pudimos notar claramente mientras caminamos por tan interesante lugar.

De regreso al campamento, esperamos que se oculte el sol para volver a ingresar. La razón era más que emocionante, tener contacto con la “marimonda”, un animal nocturno del cual los lugareños no se han puesto de acuerdo sobre su naturaleza, unos dicen que es un mono, otros un felino y hay quienes opinan que es una especie de oso pequeño. La razón de la polémica es que nadie lo ha podido cazar, pero sí verlo y oído a la distancia. De lo que estamos convencido es de su existencia ya que vimos rastros de su presencia en los arboles de “lúcuma de oso”, una fruta endémica de la cual se alimentan.

Al anochecer, el bosque es otro. Más frío, más lúgubre, más misterioso, más lleno de los trinos de las aves que regresan a sus dormideros. En medio de aquel aislamiento pudimos escuchar nítidamente unos chillidos muy agudos y prolongados que no eran de aves, eran parecidos al de los monos. ¿Habrían sido los de la marimonda al percibir nuestra presencia? Algún día lo sabremos.

Guiados por las luces de las luciérnagas regresamos nuevamente al campamento. Era hora de encender la fogata, saludable costumbre inherente a toda reunión nocturna al aire libre. Una veintena de jóvenes alrededor de ella, enfundados en gruesas casacas disfrutamos de una noche viendo las estrellas fugaces en el límpido cielo. Pudimos apreciar cómo el bosque se fue envolviendo de neblina,... con nosotros dentro; convirtiendo la noche en una de las más frías para más de uno de mis acompañantes. Verdaderamente una experiencia polar. Muchos amanecimos al pie de la fogata que nunca dejamos que se apague pues más calor teníamos al pie de ella que dentro de nuestras carpas. Un frío inolvidable.

A la mañana siguiente y luego de recorrer la zona de las cascadas participamos de un banquete que no estaba en el programa. Fueron cerca de cien los choclos que disfrutamos y que fueron sancochados gracias a la habilidad de nuestro guía Wilmar quien aprovechó las brasas de la fogata. Conforme iban saliendo de la olla se los colocaban sobre hojas de “tinimpa” para que se enfríen y después,... a saborearlos.

Al final de la jornada, maravillados de la naturaleza que nos albergó, nos comprometimos a apoyar el esfuerzo de la familia Corcuera García, propietaria del bosque, para contribuir con su conservación y aprovechamiento turístico ya debemos cuidar este bello rincón de la Amazonía, ubicado en la sierra de La Libertad.

jueves 2 de febrero de 2012

YANASARA, BELLO RINCON ANDINO



Un viaje a la provincia de Sánchez Carrión, no estaría completo si no se visita Yanasara, un bello rincón interandino a orillas del río Chuzgón. Desde Huamachuco a este balneario de aguas termales hay treinta kilómetros que se recorren el aproximadamente tres horas por una carretera más que interesante atravesando pintorescos caseríos como Sausacocha, Yanac, Olichoco, el siempre temido paso del Potrerillo y Anamuelle, ruta que nos permite apreciar paisajes inolvidables. Unir ambos lugares significa descender desde los 3 169 m.s.n.m. en que se ubica Huamachuco a los 2 200 m.s.n.m. en que se encuentra Yanasara.



La carretera empieza a descender luego de pasar la laguna de Sausacocha. Después de Yanac, a la derecha se presenta la quebrada que conduce las aguas del rio Olichocho al rio Chuzgón. Desde Anamuelle se divisa, en su mayor extensión, el valle del rio Chuzgón que corre entre los flancos de la cordillera Occidental y la Central de los Andes cuyo recorrido terminará al encontrarse con el rio Marañón en su paso hacia la selva amazónica. Al frente, podemos divisar los caseríos de Chalar y Cochabamba, abajo Yanasara y mas allá el puente Pallar desde donde parte la carretera que lleva hacia Calemar al pie del Marañón, célebre por ser el lugar donde se desarrolla la novela “La serpiente de oro” del ilustre Ciro Alegría.





Dejando la carretera que se dirige a Pataz se toma el desvío hacia el Albergue “Padre Jaime Gari” donde uno se puede hospedar con toda comodidad. Al frente están las aguas termales, que por su infraestructura, han hecho célebre a este hermoso rincón andino. Pocos lugares en serranía liberteña nos aseguran buen alojamiento y alimentación, esmerada atención además de hermosos paisajes. En este paraje, de clima templado y agradable, ya no ingresa señal para los teléfonos celulares así que el “descanso y relax” están asegurados. La obligada fogata por la noche, en la que los cuentos de terror son un componente inherente, hacen de ella un recuerdo inolvidable; con mayor razón si aparecen las estrellas fugaces en el firmamento.



Las horas en Yanasara pasan lentas. En medio de la naturaleza, entre sauces, eucaliptos y campos sembrados de panllevar, uno puede preguntarse ¿Cómo es posible que mucha gente no conozca este pequeño y apartado paraíso? Las vivanderas, al pie de los baños termales, están prestas para ofrecernos el chicharrón con mote, el cuy con ajiaco, el caldo de gallina o carnero; otras, las frutas frescas que traen del Marañón, allí están los plátanos, las limas, los limones dulces, las naranjas y las paltas. Los hornos caseros entregan cada mañana el riquísimo “pan serrano”, tan diferente al de la costa. Todo un regalo de Dios.

Ni que decir del reparador chapuzón en la piscina de aguas termales a 40 º de temperatura. Si uno prefiere puede utilizar las pozas privadas o las duchas. Hay para todos los gustos. Estas aguas afloran naturalmente al pie del cerro y son canalizadas hasta las instalaciones debidamente acondicionadas para su disfrute. Análisis realizados nos informan que éstas contienen cloruro de sodio, cloruro de calcio, sulfuro de sodio, hiposulfito de soda y hiero, siendo muy beneficiosas para combatir el reumatismo.
Por sus características Yanasara es uno de los lugares que no provoca dejar, aquellos en los que uno quisiera permanecer más tiempo, de allí su importancia turística. Es un lugar donde se combina el bello paisaje natural y los buenos servicios que se prodigan en el albergue a cargo de los sacerdotes franciscanos. Toda una seguridad para el viajero. Un lugar donde un buen libro o una buena conversación se privilegian.

Yanasara, a mi criterio, está llamada a ser uno de los lugares que todo liberteño debe conocer “antes de morir” y como su paso por Huamachuco es obligatorio, debemos interesarnos por visitar también Markahuamachuco, Wiracochapampa, la laguna de Sausacocha, su Plaza de Armas con sus alegorías botánicas y sentir del mensaje histórico que trasunta la ciudad, cuna de José Faustino Sánchez Carrión, capital que fuera declarada “Ilustre y fiel ciudad” por don José de San Martín y “Tierra clásica de patriotas “ por Simón Bolívar. Toda una garantía de un viaje inolvidable.

lunes 7 de noviembre de 2011

EN TANGARARA, LA PRIMERA CIUDAD FUNDADA POR LOS ESPAÑOLES

Saliendo de Sullana, iba yo entusiasmado por visitar el lugar donde el conquistador, Francisco Pizarro, fundó la primera ciudad española en América del Sur, el lejano año de 1532, con el nombre de San Miguel de Tangarará. El señor Benítez, chofer del vehículo que me conducía acompañado de mis entusiastas alumnos piuranos, me iba informando sobre los poblados que atravesábamos y los sembríos que abundan en el trayecto. Una carretera bastante descuidada que se aparta de la Panamericana norte nos condujo hasta nuestro destino luego de un recorrido de 45 minutos.



Hoy, Tangarará es uno de los tantos pueblos pobres del Perú norteño. Es una larga fila de ranchitos con paredes de adobe o quincha, como si el tiempo se hubiera detenido. Sus pobladores están a la espera que las generaciones presentes hagan justicia a este histórico pueblo, sacándolo del olvido. En la plaza, un obelisco nos indica el lugar donde el Márquez don Francisco Pizarro coloco una picota y clavo su espada, siguiendo la usanza de la época. Frente al obelisco, una réplica de la cruz que se utilizó para el acto fundacional, completa el paisaje.




En el museo de sitio, Milton Murguía Calderón y Jamer Castro Barranzuela, dos entusiastas y muy versados hijos del lugar, orientan a los visitantes respecto a su historia, no solo colonial sino también sobre la cultura Tallán de la que son directos y orgullosos descendientes. Ellos nos informan que el cronista Pedro Cieza de León, en su “Crónica del Perú”, dice “...la ciudad de San Miguel fue la primera que en este reino se fundó por el marqués don Francisco Pizarro, y a donde se hizo el primer templo a honra de Dios nuestro Señor”. Gracais a nuestro esfuerzo, nosotros estábamos en tan histórico lugar


Otro cronista, Juan Ruiz de Arce, que llegó con las huestes de Pizarro asegura que la población era de cinco mil habitantes y tendría unas mil casas. Dice que el curaca Tanga Arac, que en lengua Sec, que hablaban los tallanes, significa “Patrono fluvial de peces”, vivía en un enorme palacio de adobe que sirvió de alojamiento a los soldados hispanos. Tangrará se definió como el segundo pueblo más importante de la cultura Tallan después de Narihualac. Su nombre original era Pullaclla, y estaba ubicado en la margen derecha del rio Chira, antes llamado Turicarami. El lugar para la fundación fue escogido por don Antonio Navarro, Hernando Pizarro y algunos soldados comisionados para ello.



Cuenta la historia que el 15 de julio de 1532 “...se celebro una misa beatíficamente, tomó juramento el Magnífico Capital Don Francisco Pizarro, con la mano derecha puesta sobre los sagrados evangelios, por Dios y por Santa María la Virgen, por la majestad de los Reyes Católicos, la nueva ciudad recién fundada quedaría a 5 leguas distantes del mar de Paita y 36 leguas del mar de Tumbes, con el nombre conveniente de San Miguel”.
Su primer alcalde fue Blas de Atienza quien años más tarde, en 1535, también sería el primer alcalde de Trujillo. La importancia de esta ciudad se comprueba con la deferencia que el rey Carlos V tuvo para con ella al otorgarle, el 7 de diciembre de 1537, su Escudo de Armas; habiendo sido el capitán Hernando de Cevallos comisionado por Pizarro para viajar a España y solicitar Escudos de Armas para Lima, Trujillo, Quito y San Miguel; con ello se demuestra la importancia de estas.Así transcurrieron varias horas en uno de los lugares más históricos del Perú y también de América del Sur. No pudimos abstraernos de visitar los restos del antiguo palacio del cacique Tanga Arac, que luego paso a ser la casa del marqués de Salinas. Lamentablemente, sobre estas bases se construyó, en 1950, un molino de arroz cometiendo un grave atentado a la historia peruana. Bueno es saber que en 1982, luego de su visita, el ex presidente Fernando Belaúnde Terry, declaró a éste pueblo “Ambiente urbano monumental” y en 2005 se lo declara “Patrimonio Cultural de la Nación”


Nuestro emocionante recorrido terminó con la visita a la Casa de Sojo, una antigua construcción de 1910 que representa el esplendor de las antiguas casas-hacienda de arquitectura republicana que, luego de ser puesta en valor, pronto integrará la oferta turística piurana. Para ello tuvimos que cruzar primero el rio Chira, unos en embarcaciones y otros a pie llegándoles el agua hasta la cintura y luego su campiña. Momentos de seguro inolvidables para mis jóvenes acompañantes. Al atardecer y luego de disfrutar el espectáculo que significó apreciar el hermoso ocaso regresamos a Piura, nuestro punto de partida, con la satisfacción de llevar en nuestro corazón parte de la historia del Peru

sábado 22 de octubre de 2011

LA HERMOSA IGLESIA DE SECHURA

Después de 31 años, y gracias al entusiasmo de mis estudiantes universitarios de Piura, regresé a la ciudad san Martín de Sechura para apreciar nuevamente su hermosa y antigua iglesia colonial.


Construida entre los años 1730 a 1760, posee una planta de cruz latina sobre un terreno de 72 m. de largo por 32 m. de ancho. Un muro pretil (1) resguarda su amplio atrio (2). Tiene tres puertas, una principal y dos laterales, destacando en éstas, las veneras (3) del interior de sus dinteles. Su estilo arquitectónico barroco tardío se plasma en su portada que es de tres calles y dos cuerpos. Sobre el extradós (4) del arco de medio punto destaca la figura de un mascarón . En los extremos del entablamento (6) hay dos vestas (7) en cada lado y, al centro, entre el decorado, de hallan dos querubines (8). La ventana coral (9) es cuadrada con balaustre (10).



A ambos lado de la puerta principal, las calles del Evangelio y la Epístola (11) del primer cuerpo son similares. Tienen dos columnas salomónicas (12), adosadas y pareadas (13) y se levantan sobre la base de un pedestal también pareado. Entre el pedestal y las columnas hay dos querubines, la base de las columnas superiores la conforman dos cariátides (14).

Entre las hornacinas, hoy vacías, se nota un mascarón. El cuerpo superior posee columnas similares a las del primer cuerpo, y se diferencian por que éstas terminan en capiteles de orden corintio (15). Al centro hay una hornacina donde me dicen estuvo la imagen de san Martín de Tours a caballo cortando su capa, él es el santo al que está advocada la iglesia. La parte superior remata en un pináculo (16).




El templo posee dos altas torres de 44.30 mts. de altura cada una. Ambas son de tres cuerpos con planta octogonal, es decir de ocho paredes. Una sirve de campanario y alberga tres campanas; mientras que la otra es para el reloj. El uso de las repisas, las cornisas, las hornacinas y los entablamentos armoniosamente distribuidos le dan, a ambas, una belleza singular.



El interior es impresionante, cuatro arcos fajones sostienen la bóveda, tres arcos formeros separan la nave central de las laterales y un arco triunfal separa éstas del presbiterio (17). Antes de éste se ubica un hermoso púlpito cuya cátedra está decorada con pan de oro.



El retablo mayor, de estilo rococó muy bien trabajado, fue empezado a construir luego de la visita pastoral del Obispo Baltasar Jaime Martínez de Compañón y Bujanda, el 28 de marzo de 1783, siendo párroco el padre Pedro Antonio Román de Mesones. Sus medidas son 13 m. de altura por 8 m. de ancho y tiene aproximadamente 200 piezas de madera. Posee tres calles y tres cuerpos. Al centro, sobre la hornacina de la Virgen de la Asunción está la de la Santísima Trinidad, a sus costados, otras siete hornacinas albergan a diferentes santos vinculados a Sechura. En la parte superior se puede notar el monograma IHS de los jesuitas que se repite en el altar. El retablo pudo haber sido confeccionado por Juan Inocencio Heredia, el mismo que construyo el de la catedral de Trujillo. Por su belleza, fue calificado por el Dr. José Antonio del Busto, reconocido historiador peruano, como el más artístico en estilo rococó que existe en el país.




En el presbiterio también destaca el sagrario confeccionad de plata pura, el techo artesonado y las dos puertas de los costados bellamente pintadas, seguramente por los indígenas de la época, resaltan la belleza de esta parte de la iglesia. Delante del retablo mayor se encuentra un subterráneo que servía de sepulcro de los sacerdotes. En los últimos años se vienen descubriendo una serie de escaleras túneles, como el que se inicia en el baptisterio.

Otro detalle técnico del templo sechurano, son sus dimensiones, estructuras macizas y monumentales, paredes que superan los dos metros de espesor, habiéndose aplicado principios físicos y elementos para contrarrestar y compensar los pesos. Cabe destacar también que las puertas de los accesos al templo carecen de visagras y, como en antaño, giran sobre unos anclajes en los troncos de algarrobo que han soportado los años.




Y así transcurrieron inolvidables momentos recorriendo esta maravilla del arte religioso antiguo que la ciudad de Sechura ha sabido conservar para quienes tenemos una pasión por el turismo y gran orgullo por lo nuestro.

1.- Muro pretil: Muro de poca altura en los exteriores de un edificio.
2.- Atrio: Espacio que rodea la iglesia limitado donde se enterraban a los fieles.
3.- Veneras: Decoración en forma de concha
4.- Extradós: Cara visible de un arco
5.- Mascarón: Caras que se colocan como adornos
6.- Entablamento: Piezas que gravita inmediatamente sobre la columnas
7.- Vestas: Formas femeninas
8.- Querubines: Ornamento en forma de ángel con cabecita y alas que le salen del cuello.
9.- Ventana coral: Ventana que da al coro de la iglesia
10.- Balaustre: Baranda o balcón
11.- Calles del Evangelio y la Epístola: En una iglesia, el lado de la Epístola es el lado derecho desde el punto de vista de los fieles, mirando hacia el altar; el lado del Evangelio es el lado izquierdo. Los nombres responden a los lados del presbiterio desde los que se lee la Epístola y el Evangelio.
12.- Columnas salomónicas: En forma de espiral
13.- Columnas adosadas y pareadas: Pegadas a la pared y en par
14.- Cariátides: Forma de figura humana femenina a manera de columna
15.- Capiteles de orden corintio: Parte superior de la columna con representaciones de hojas de acanto
16.- Pináculo: Decorado arquitectónico de remate puntiagudo.


17.- Presbiterio: Cabecera de la nave de la iglesia destinada al uso de los sacerdotes

domingo 21 de agosto de 2011

UN DIA EN PUEBLO NUEVO


Pueblo Nuevo, distrito de la provincia de Chepén es uno de aquellos que vale la pena conocerlo. Lo afirmo después haber recorrido el corredor desde la capital hasta la playa de Chérrepe, ruta donde se sitúan sus principales recursos turísticos.

Empecé visitando Huaca Cotón, o lo que queda de ella pues el deterioro y el olvido terminaron por vencer su antigua majestuosidad. Camino a Santa Rosa pude apreciar la ubérrima campiña pueblonovana, cuyos campos estaban siendo preparados para sembrarlos de arroz, en las chacras se cosechaban cebollas y en otras, las plantaciones de yucas se erguían sobre el paisaje. Pude recorrer el bosque de “El Potrero” donde sus singulares y añejos algarrobos dan sombra fresca al visitante.

Más adelante, en el caserío Alto san Idelfonso, antes conocido como Ñoqueque visité los restos de la primera iglesia del valle del Jequetepeque (1540). Los pobladores la llaman “Iglesia Vieja”. Al frente se ubican los restos de la que fue la casa del encomendero Francisco Pérez de Lezcano, uno de los oficiales que conquistaron el Perú junto con Francisco Pizarro. Según Ricardo Palma aquí se construyó una ermita para colocar a la virgen de Guadalupe, que después se convertiría en una iglesia muy concurrida en su época.

En las pampas de Chérrepe hay una formación montañosa que la leyenda cuenta que tras la muerte del cacique Chamac, el dios Wiracocha quiso perennizar su memoria encargándole a Waira, dios del viento, que esculpiera su figura en el cerro, por eso su perfil aparece esculpido como un guerrero que yace muerto.

Visité el sector antiguo de playa Chérrepe. Aquel que albergó a una vasta población indígena en épocas previas a la llegada de los españoles. Allí se venera la Cruz de Chérrepe. Durante los inicios de la colonia, éste fue el puerto de la floreciente ciudad de Zaña. Por aquí desembarcaron nó solo los primeros esclavos africanos que llegaron al Perú, sino los piratas que asolaron Zaña. Hoy, la pesca artesanal en caballitos de totora es un espectáculo para admirar, como también lo es la paz y tranquilidad del lugar, felizmente alejado de la contaminación de las ciudades.

Siguiendo la orilla del mar, hacia el sur, llegamos a la Bocana donde el río Chamán entrega sus aguas al mar formando una interesante escenografía por la cantidad de totorales donde habitan las aves migratorias.

Ya de regreso, visité las salinas de cerro Maquiavelo, interesante fenómeno geográfico formado por seis lagunas en cuyos sedimentos predominan la sal, la que se precipita por la fuerte evaporación. Siguiendo el recorrido llegue hasta la “Cueva de san Idelfonso”, una cavidad natural ubicada en una cadena montañosa frente al caserío Alto San Ildefonso. Se dice que en la época colonial allí se encontró la efigie de este santo que fuera colocada, quizás por el fraile Gerónimo de Escobar. Hoy este santo es el patrón del distrito.

Al final del recorrido, en Pueblo Nuevo me esperaba un delicioso almuerzo. Ceviche y una sabrosísima chita al ajo, asentada por una refrescante agua de cebada. La tarde la pasé conociendo las interesantes obras municipales, a la espera de las cinco, hora en que la panadería del pueblo entrega los sabrosos biscochos de canela para el disfrute de sus pobladores y visitantes.

Y así transcurrió mi día conociendo un interesante distrito de nuestra región donde prevalece la naturaleza, convirtiéndose en un eslabón fundamental de la Ruta Moche.

domingo 29 de mayo de 2011

UN DIA EN PACANGA

Gracias al apoyo del alcalde distrital de Pacanga, don Santos Cerna Quispe y de mi amigo Carlos Morales, funcionario municipal, he podido recorrer este lejano distrito de la provincia de Chepén, encontrando más de una sorpresa turística.

Nuestra mañana empezó con un desayuno de lomito saltado acompañado con esponjosas yucas, asentado con un buen café pasado. Delicioso. El circuito lo inicié en la Plaza de Armas pacanguina cuya alegoría a las garzas, ave característica de la zona, embellece el entorno.

La primera visita fue a Huaca Rajada, monumento mochica construido con adobes en los que claramente se pueden notar las incisiones de la totora con que se confeccionaron los moldes. El humedal ubicado al pie de la huaca confirma mi aseveración. Desde su cima pude apreciar los tres distritos de la provincia, Chepén, Pueblo Nuevo y por supuesto Pacanga. Dos enormes algarrobos se levantan sobre sus estructuras; majestuosos y añejos cuidan la huaca desde tiempos ancestrales. Al pie, los campos de arroz con sus diversos matices de verde embellecen el paisaje.

Más adelante, recorrimos un antiguo camino pre inca. Según el mapa que me servía de guía, este unía el valle del Jequetepeque con el de Zaña. Su trazo es una perfecta línea recta de 38 kilómetros y en algunos tramos se pueden apreciar sus muros laterales de adobe. Este debió ser el famoso “camino de la costa” que usó Túpac Yupanqui para dirigirse al Cuzco luego de conquistar tierras ecuatorianas, haciendo un alto de Cherrepe. Lo usó Diego de Almagro a su regreso del norte antes de elegir donde se fundaría Trujillo, y seguro lo usaron los piratas que desembarcaron en Cherrepe para atacar la antigua ciudad de Zaña. También lo usó Antonio Raimondi en su viaje hacia Lambayeque, pues así lo relata en sus crónicas.

A la altura del caserío San Juan de Dios dejé esta antigua obra vial para encontrarme con la carretera Panamericana. Siguiendo hacia el sur llegué al complejo arqueológico de Cerro Colorado, un interesante y amplio monumento mochica cuyas estructuras y muros son de piedra y barro; destacando nítidamente su rampa de acceso, bastante bien conservada.

Antes de retornar a nuestro punto de partida, Pacanga, pasamos por el caserío de Pacanguilla donde se acaba de inaugurar la plaza de armas más grande del valle, con una superficie muy similar o casi igual a la de Trujillo. Impresionante. Antes del ansiado almuerzo visitamos a doña Eufemia Cueva quien aún prepara el famoso “clarito” de chicha, excelente licor que está en vías de extinción en el distrito. Esta típica bebida constituyó un excelente aperitivo que antecedió el delicioso arroz con pato guisado que almorcé y como postre degusté las dulces chancaquitas que prepara doña Luzgarga Muñoz.

Al atardecer nos dirigimos a la Huaca Dos Estacas ubicada en al pie de un poblado de nombre bastante peculiar: Caín. La estructura está bastante deteriorada, pudiéndose distinguir aún su rampa de acceso. Siguiendo un camino rural llegamos a san José de Moro, antiguo centro ceremonial donde se descubrió a la famosa Sacerdotisa mochica, enterándome que hasta hoy se han hallado siete. Previamente visité a mi amigo, el ceramista y maestro shaman don Víctor Casas quien, con la amabilidad de siempre me enseñó su última producción cuyo mercado principal será el Cuzco.

Las tumbas de donde emergieron las momias de las sacerdotisas son testimonios de este importante centro religioso prehispánico que justifica su inclusión en la Ruta Moche. Hoy, un interesante centro artesanal permite que los niños del lugar elaboren ceramios mochicas con las técnicas ancestrales; constituyendo, el producto de sus ventas, un ingreso adicional para sus hogares; además de acrecentar su identidad regional. Privilegios del turismo.

La aparición de la luna en la inmensidad del cielo, anunciaba el fin de un día cargado de emociones y descubrimientos turísticos. Hoy podemos afirmar que Pacanga y la provincia de Chepén constituyen un bastión para el turismo liberteño, siempre que se propongan mostrar lo que tienen. Felicitaciones.